El "teleteaching" y el "teleworking"


En el año 1992 el profesor Francisco Martínez, nuestra compañera Paqui Munuera y una servidora participamos en un proyecto europeo bajo el título de CERT, proyecto en el cual intentábamos analizar el potencial del cable como herramienta para la educación. ¿Y por qué me acuerdo hoy de esto? Pues porque lo importante no es tener una idea, sino saber comunicarla y difundirla… y tener la suerte de que cale en la audiencia. Algunos llevan toda la vida viviendo de una única idea lúcida ¡y les va bien!

Os voy a contar de forma breve una historia real, tan real como la vida misma, que llega a mi memoria tras leer un blog con un comentario muy reciente titulado «Learning is everywhere».

En aquellos años se empezaba a hablar de redes, internet, educación,… Recordemos que España acababa de incorporarse al mundo de internet y empezábamos a saber y a valorar para qué nos servía esa dirección personal tan rara que llevaba una @. Y nosotros tres, pioneros donde los haya 🙂 y con nuestro inglés que no daba más de sí, intentamos explicar a nuestros colegas europeos la idea de que las redes podrían ser una herramienta básica para la formación permanente (lo que años después descubrimos que alguien había bautizado como «long life learning») y además la idea, aún más original si cabe, de que la formación debía ir unida a las circunstancias reales de cada trabajador y a su quehacer cotidiano, teniendo en cuenta que los trabajadores en años futuros también desempeñarían su trabajo a distancia a través de redes (teletrabajo, o sea, teleworking). Nosotros lo explicábamos diciendo que había que unir el teleteaching (lo que después se dio en llamar e-learning, no supimos ponerle un nombre que nos hiciera famosos) con el teleworking.

Y este señor, Harold Jarche, en el año 2012 viene a decir exactamente esto mismo: «Learning & working are interconnected in the network era. If learning support is not connected to work, it’s rather useless. Learning is the new black – it’s everywhere».

He leído la frase y me ha encantado, pero luego he pensado: «Caray, si esto ya lo dijimos nosotros». Y aunque los demás no lo entendieron -ni lo incluyeron en el informe, una pena-, siempre le queda a uno la satisfacción personal de haberlo pensado antes, ¿no?


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